¿Cómo no destrozar en la ciudad los caminos que llevan a los rincones donde solíamos besarnos? A la curación hay que temerle si se debe cambiar a uno mismo, descamarse la piel dejando en el suelo los restos del tipo que disfrutaba cada expresión en tu rostro. La rana brinca y brinca. Es poca la ciudad que queda para que transite el nuevo tipo descortezado, a él se le cortarán los dedos de tanto tocar el aire, hay recuerdos ineludibles, la rana brinca y brinca sobre la piel desmembrada.
Tenía que doler, como duele la farola al otro lado de la calle, como duele la luz de la lámpara en la esquina del escritorio, como duele el final de tu libro favorito, pero quizás tenga sentido, a estas alturas vaya a saber si hay algún sentido. Lo importante era no dejarse caer, aguantar la muerte un momento más, quién sabe si la gran epifanía se encuentra cerca. Tenía que doler, como duelen las viejas fotos deshaciéndose en la lluvia.
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