Ahí sentada de espaldas a mí,
te amo de cualquier manera.
tú no sabes lo que te amo.
Te amo pierna agitada,
te amo musgos en la acera,
te amo rejilla en el fondo de la piscina.
Mi flor de agua,
tan lejos de mi orilla.
No sabes lo que me inquieta tu espalda de espalda a la mía.
No sabes lo que me inquieta.
Si te tocara…
sentirías con el roce de mi mano todo lo que no te digo.
Mi pesadilla antes de despertar,
mi dedo restregando el ojo.
Se me caen los párpados como gorriones muertos.
Thursday, May 29, 2014
Thursday, May 22, 2014
no sabíamos de después
pero nosotros no sabíamos de después
como la amistad que un día destruiría
las ansias en el parque al lado de las casas ajenas
bien pudo ser la brisa que caía sobre las azoteas
que un día tú y yo no frecuentamos
porque había mucho que hacer en aquel mundo
de todos caídos a las seis de la tarde
y de aguaceros que solían venir detrás de los cantos
y tú tan pelo mojado rozando los ojos cerrados
Thursday, May 15, 2014
La curación
¿Cómo no destrozar en la ciudad los caminos que llevan a los rincones donde solíamos besarnos? A la curación hay que temerle si se debe cambiar a uno mismo, descamarse la piel dejando en el suelo los restos del tipo que disfrutaba cada expresión en tu rostro. La rana brinca y brinca. Es poca la ciudad que queda para que transite el nuevo tipo descortezado, a él se le cortarán los dedos de tanto tocar el aire, hay recuerdos ineludibles, la rana brinca y brinca sobre la piel desmembrada.
Tenía que doler, como duele la farola al otro lado de la calle, como duele la luz de la lámpara en la esquina del escritorio, como duele el final de tu libro favorito, pero quizás tenga sentido, a estas alturas vaya a saber si hay algún sentido. Lo importante era no dejarse caer, aguantar la muerte un momento más, quién sabe si la gran epifanía se encuentra cerca. Tenía que doler, como duelen las viejas fotos deshaciéndose en la lluvia.
Tenía que doler, como duele la farola al otro lado de la calle, como duele la luz de la lámpara en la esquina del escritorio, como duele el final de tu libro favorito, pero quizás tenga sentido, a estas alturas vaya a saber si hay algún sentido. Lo importante era no dejarse caer, aguantar la muerte un momento más, quién sabe si la gran epifanía se encuentra cerca. Tenía que doler, como duelen las viejas fotos deshaciéndose en la lluvia.
Thursday, May 8, 2014
Todos los estallidos
Como en todos los estallidos, el abrigo abre los brazos en dos, las vacas se revuelven, el delantal que te dejé estaba sucio y viejo, y los comensales se limpiaban los restos de carne y bebida de la boca. Teníamos que haber estado allí, entre los bares, entre las casas derrumbadas, perdidos en la ciudad para siempre, en la ciudad de siempre, corriendo por las calles y las aceras, nosotros, inseparables, gato en mano, perro en boca. Mírame, no queda aquello que una vez tuvimos, como niños con la boca abierta, esperando mamá pájaro, mamá cazador, mamá desafiante de principios y sombras. El reloj marcaba los tiempos de nuestra estancia, pero debía durar poco, como la frescura de la fruta recién caída del árbol, porque de cierta forma éramos la fruta, y no lo sabíamos o no queríamos saber, evitando ser el centro del mundo porque el centro del mundo de seguro quedaba en otro lado, nunca en las vacas ni en las casas destruidas. Hicimos, progresivamente, el principio de otra historia que jamás imaginamos, tú delantal viejo en mano, yo buscando mamá pájaro en otro lado.
Fíjate que tuvimos que correr, no era cuestión de páginas arrancadas de almanaque, como no son los callejones el fin de la huida, ni los escándalos el grito de histeria, pero teníamos que hacerlo, como abuela hace en la máquina de coser ciertas cosas que no entendemos. Cuidate mucho, y escribe que la distancia es un bicho alucinando de tanto chupar sangre. Sabrás que siempre te querré pero escríbeme que la distancia es un bicho. No comprendías que el bicho éramos tú y yo, bichos succionándose el uno al otro, feliz flujo de sangre. No me mires con esos ojos de que me extrañarás, porque eso lo veremos después, inevitablemente después, es que en estas cosas nunca puedes saber de antemano. Toma, los dedos son regordetes si los entrelazas con cintas. Pero no me mires así que me dan ganas de no sé que. De cogerte las cintas y alarte lejos de ti misma, lejos de todo resto de nosotros, no vale la pena conservarnos. ¿Qué haríamos con tanto trapo, con tanto susto? Mejor te resignarás a ser otra, a tener otro, aunque no nos atrevamos a decirlo, pero ha de ser, como ha de ser que un día nos encontremos y no sabremos que habrá pasado. Empecemos ya, que poco queda en estos parajes de quien alguna vez seré.
Toma esta mano, desechando los pasajes de algún libro que una vez leíste y déjate quedar. No hay lugar para dos en mi partida. Déjame caer en el vacío como sólo tú sabes, mi corazoncito de venas partidas, la aorta es un órgano muy grande muy grande. Quise extirpártelo pero no alcanzó el tiempo, solo así comprenderías este flujo que me falta, sufriendo en tus tejidos la misma carencia. Tengo hambre, no sabes el hambre que tengo, pero no te preocupes que pronto seré león y me comeré, entre otras carnes, tus vísceras putrefactas. Hay forma de evitarlo pero tú estás tan poco dispuesta, seré tu carnívoro, tu abrigo que no puedes alcanzar en lo alto del armario mientras el frío te parte la piel. Mi amor, yo no quiero ser el frío, yo no quiero ser el león, hay tantas cosas que no quiero, y tú me miras con esos ojos, basta ya, besos, nos vemos, escribe.
Subscribe to:
Comments (Atom)